sábado, 30 de julio de 2011
lunes, 27 de junio de 2011
Los cuatro secretos para lograr la felicidad.
Los cuatro secretos para lograr la felicidad.
Según Jane McGonigal, son cuatro los secretos para lograr la felicidad:
1. Tener un trabajo satisfactorio.
2. La sensacion o ilusion del exito.
3. Conexiones sociales
4. Pertenecer a algo mas grande que nosotros mismos.
A continuación presentamos un aparte del libro: Reality is broken por: Jane McGonigal
Traducido por : Andrés Felipe Narváez

Muchas diferentes teorías rivales sobre la felicidad han emergido desde el campo de la psicología positiva, pero si hay algo en lo que virtualmente todos los psicólogos positivistas están de acuerdo es en lo siguiente: Hay muchas maneras de estar feliz, pero no podemos encontrar la felicidad. Ningún objeto, ningún evento, ningún resultado o circunstancia en la vida nos puede ofrecer felicidad real. Tenemos que crear nuestra propia felicidad — al trabajar fuertemente en actividades que proveen su propia recompensa.
Cuando tratamos de encontrar la felicidad por fuera de nosotros, nos enfocamos en lo que los psicólogos positivistas llaman recompensas “extrínsecas” — dinero, bienes materiales, status o alabanzas. Cuando obtenemos lo que buscamos, nos sentimos bien. Desafortunadamente los placeres de la felicidad encontrada no duran mucho. Desarrollamos una tolerancia por nuestras cosas favoritas y empezamos a desear más. Requerimos más y mejores recompensas solo para desencadenar el mismo nivel de satisfacción y placer. Mientras más tratamos de “encontrar” la felicidad, más y más difícil se torna lograrlo. Los psicólogos positivistas llaman a esto, el proceso de “adaptación hedónica”, y es uno de los más grandes obstáculos para la satisfacción en la vida a largo plazo. Mientras más consumimos, adquirimos, y elevamos nuestro status, más difícil será mantenernos felices. Ya sea el dinero, notas, ascensos laborales, popularidad, atención o simplemente cosas materiales, los científicos están de acuerdo en lo siguiente: buscar recompensas externas es sin duda un camino hacia el sabotaje de nuestra propia felicidad.
Por otro lado, cuando nos proponemos crear nuestra propia felicidad, estamos enfocados en actividades que generan recompensas intrínsecas – las emociones positivas, fortalezas personales y conexiones sociales que construimos al involucramos intensamente con el mundo que nos rodea. No estamos buscando alabanzas o pagos. El solo hecho de hacer lo que estamos haciendo, el goce de estar completamente involucrado es suficiente.
El termino científico para este tipo de actividad auto-motivante, auto-gratificante es autotélica ( que proviene de las palabras griegas “propio” auto, y “fin o meta” telos). Nosotros realizamos trabajo autotélico por que nos involucra completamente, y por qué el involucramiento intenso es el estado emocional más placentero, satisfactorio y significativo que podemos experimentar.
Mientras estemos regularmente inmersos en trabajo duro y gratificante, estaremos felices con mayor frecuencia – sin importar lo que esté sucediendo en nuestras vidas. Esta es una de las primeras hipótesis de la psicología positiva, y una idea sumamente radical. Esta idea contradice lo que a muchos nos han enseñado a creer – que necesitamos que nuestra vida debe ser de cierta manera para que seamos felices, y que mientras más sencilla sea la vida más felices seremos. Pero la relación entre el trabajo duro, recompensa intrínseca y la felicidad duradera ha sido verificada y comprobada a través de cientos de estudios y experimentos.
Un estudio bastante conocido llevado a cabo en la Universidad de Rochester, publicado en 2009, elegantemente replantea una de las suposiciones sobre cómo funciona la felicidad. Los investigadores siguieron 150 recién egresados por dos años, monitoreando sus metas y sus niveles de felicidad reportados. Ellos compararon las tasas a las que los graduados lograron recompensas tanto extrínsecas como intrínsecas, con los reportes personales de los niveles de bienestar y satisfacción con sus vidas. La conclusión inequívoca de los investigadores fue: “La consecución de metas extrínsecas o del “Sueño Americano” (dinero, fama, y ser considerado físicamente atractivo por otros – no contribuye a la felicidad para nada.” De hecho, ellos reportaron, que en vez de crear bienestar, lograr recompensas extrínsecas “en verdad contribuía a un malestar”. Si dejamos nuestro deseo por más y más recompensas extrínsecas monopolizar nuestro tiempo y atención, este nos evita involucrarnos en actividades autotélicas que podrían en verdad incrementar nuestra felicidad.
Por otro lado, en el mismo estudio en la Universidad de Rochester los investigadores encontraron que individuos que se enfocan en actividades con recompensas intrínsecas, trabajando arduamente para desarrollas fortalezas personales y relaciones sociales, por ejemplo, fueron ostensiblemente más felices durante el periodo total de dos años sin importar por completo las circunstancias de la vida, como salario o status social.
Esta investigación confirma lo que docenas de otros importantes estudios han encontrado; la felicidad derivada de recompensas intrínsecas es increíblemente resiliente. Cada vez que nos involucramos en actividades autotélicas, todo lo contrario a la adaptación hedónica sucede, dejamos de depender del consumo y adquisición de fuentes de placer y desarrollamos una resiliencia hedónica. Como la psicóloga e investigadora Sonja Lyubomirsky, una líder experta en la recompensa intrínseca, explica “Uno de las principales razones para la durabilidad de las actividades de felicidad es que…. ellas son ganadas con esfuerzo. Tienes que dedicar tiempo y esfuerzo…. Has logrado que esas prácticas sucedan y tienes la habilidad de hacer que sucedan otra vez. Este sentido de capacidad y responsabilidad es un impulso poderoso en y para si mismo” . En otras palabras, nos hacemos mejores en proteger y fortalecer nuestra calidad de vida, sin importar las circunstancias externas. Dependemos cada vez menos de efímeras y poco confiables recompensas externas y tomamos control de nuestra propia felicidad. “Cuando la fuente de la emoción positiva eres tú mismo, esta fuente es renovable.”
La teoría prevaleciente de la psicología positiva de que somos la única fuente de nuestra propia felicidad, no es simplemente una metáfora. Es un hecho biológico. Nuestros cerebros y cuerpos producen neuroquímicos y sensaciones fisiológicas que experimentamos en diferentes cantidades y combinaciones, como placer, goce, satisfacción, éxtasis, alegría, amor, y cualquier otro tipo de felicidad. Y psicólogos positivistas han demostrado que no necesitamos esperar a que la vida desencadene esos químicos y sensaciones por nosotros. Nosotros podemos desencadenarlos nosotros mismos, a través de actividades autotélicas científicamente medibles.
De hecho, desde el punto de vista neurológico y psicológico, “Recompensa intrínseca” es realmente otra manera de describir los réditos emocionales que recibimos al estimular nuestro sistema de felicidad interna.
Al encarar un reto difícil, tal como tratar de finalizar una tarea en un tiempo menor al usual, podemos producir en nuestros cuerpos un torrente de adrenalina, la hormona de la emoción que nos hace sentir confiados, energéticos y altamente motivados.
Al lograr algo que se nos hace muy difícil, como resolver un rompecabezas o finalizar una carrera, nuestros cerebros liberan un potente cocktail de norepinefrina epinefrina, y dopamina. Estos tres neuroquímicos en combinación nos hacen sentir satisfecho, orgulloso y altamente excitado.
Cuando hacemos a alguien reír o sonreír, nuestro cerebro se inunda con dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y recompensa. Si nosotros nos reímos también, el efecto es aún más pronunciado.
Cada vez que coordinamos o sincronizamos nuestros movimientos físicos con otras personas, como en el baile o en los deportes, descargamos oxitocina en nuestro torrente sanguíneo, un neuroquímico que nos hace sentir dichoso y extasiados.
Cuando buscamos lo que puede describirse como historias, medios o espectáculos “poderosos” y “conmovedores”, estamos en verdad desencadenando nuestro nervio vago, que es el que nos hace sentir emocionalmente ese nudo en la garganta y mariposas en el estómago o disparamos nuestro reflejo pilomotor de nuestro sistema nervioso, que nos da los escalofríos placenteros y nos pone la piel de gallina.
Y si provocamos nuestra curiosidad al exponernos a estímulos visuales ambiguos, como un obsequio envuelto en papel regalo o una puerta entreabierta, experimentamos una avalancha de bioquímicos del “interés” también conocidos como “opiáceos internos”. Estos incluyen endorfinas, que nos hacen sentir poderosos y en control, y betaendorfina, un neurotransmisor del “bienestar” que es ochenta veces más poderoso que la morfina.
Pocos de nosotros nos proponemos intencionalmente desencadenar estos sistemas. No pensamos en la felicidad como un proceso de manipulación estratégica de nuestra neuroquímica. Nosotros simplemente sabemos que es lo que se siente bien y es significativo y satisfactorio, y ese es el tipo de actividades que hacemos por el placer de hacerlas.
Claro está, también hemos desarrollada muchos atajos externos para desencadenar nuestros sistemas de felicidad precableados: Drogas adictivas y alcohol, comida sabrosa pero poco sana, y compras crónicas, solo para nombrar algunos. Pero ninguno de esos métodos es sostenible o efectivo a largo plazo. Como los científicos han demostrado, la adaptación hedónica a recompensas extrínsecas lleva a nuestros comportamientos de atajos hacia la felicidad en una espiral fuera de control hasta que ellos no funcionan más o no podemos solventarlos, o incluso hasta que nos matan.
Afortunadamente, no tenemos que luchar esta batalla perdida. Siempre que estemos enfocados en recompensas intrínsecas y no extrínsecas, no vamos a agotar las materias primas para lograr nuestra propia felicidad. Estamos cableados con sistemas neuroquímicos para crear toda la felicidad que necesitamos. Nosotros simplemente tenemos que trabajar arduamente en cosas que nos activan y nos sumergen en actividades desafiantes que disfrutamos por sí mismas.
La escritora y auto declarada exploradora de la felicidad Elizabeth Gilbert lo describe mejor: “La felicidad es la consecuencia de los esfuerzos personales…. Debes participar implacablemente en las manifestaciones de tus propias bendiciones.” Tenemos la capacidad biológica de crear nuestra propia felicidad a través del trabajo duro. Y mientras más duro trabajemos para experimentar las recompensas intrínsecas, más fuertes serán nuestras capacidades internas de crear felicidad.
Entonces que recompensas intrínsecas exactamente son las más esenciales para nuestra felicidad? No hay una lista definitiva pero unas cuantas ideas claves y ejemplos aparecen una y otra vez en la literatura científica. Mi análisis de los descubrimientos de la psicología positivista de la pasada década sugiere que las recompensas intrínsecas se organizan en cuatro principales categorías.
En primer lugar, anhelamos trabajo satisfactorio, cada día. La naturaleza de este “trabajo satisfactorio” es diferente para cada persona, pero para todos significa estar sumergido en actividades claramente definidas, exigentes que nos permiten ver el impacto directo de nuestros esfuerzos.
Segundo, anhelamos la experiencia, o al menos la esperanza de ser exitosos. Deseamos sentirnos poderosos en nuestras propias vidas y demostrarle a otros para que somos buenos. Deseamos ser optimistas sobre nuestras oportunidades de tener éxito, aspirar a algo y sentir que nos hacemos mejores con el tiempo.
Tercero, anhelamos una conexión social. Los humanos somos criaturas extremamente sociales, y aun el más introvertido de nosotros deriva gran parte de su felicidad de pasar tiempo con la gente que le importa. Deseamos compartir experiencias y construir vínculos, y con gran frecuencia logramos esto al hacer cosas importantes juntos.
Cuarto, y finalmente, anhelamos significado, o la oportunidad de ser parte de algo más grande que nosotros mismos. Necesitamos sentirnos curiosos, impresionados, y maravillados por las cosas que acontecen a escala épica. Y más importante, deseamos pertenecer y aportar a algo que tiene significado duradero y mas allá de nuestras vidas individuales.
Jane McGonigal es la directora de investigacion y desarrollo de videojuegos para el Institute for the Future. Business Week la declaró como una de las diez innovadores que deben ser seguidos de cerca.
Según Jane McGonigal, son cuatro los secretos para lograr la felicidad:
1. Tener un trabajo satisfactorio.
2. La sensacion o ilusion del exito.
3. Conexiones sociales
4. Pertenecer a algo mas grande que nosotros mismos.
A continuación presentamos un aparte del libro: Reality is broken por: Jane McGonigal
Traducido por : Andrés Felipe Narváez

Muchas diferentes teorías rivales sobre la felicidad han emergido desde el campo de la psicología positiva, pero si hay algo en lo que virtualmente todos los psicólogos positivistas están de acuerdo es en lo siguiente: Hay muchas maneras de estar feliz, pero no podemos encontrar la felicidad. Ningún objeto, ningún evento, ningún resultado o circunstancia en la vida nos puede ofrecer felicidad real. Tenemos que crear nuestra propia felicidad — al trabajar fuertemente en actividades que proveen su propia recompensa.
Cuando tratamos de encontrar la felicidad por fuera de nosotros, nos enfocamos en lo que los psicólogos positivistas llaman recompensas “extrínsecas” — dinero, bienes materiales, status o alabanzas. Cuando obtenemos lo que buscamos, nos sentimos bien. Desafortunadamente los placeres de la felicidad encontrada no duran mucho. Desarrollamos una tolerancia por nuestras cosas favoritas y empezamos a desear más. Requerimos más y mejores recompensas solo para desencadenar el mismo nivel de satisfacción y placer. Mientras más tratamos de “encontrar” la felicidad, más y más difícil se torna lograrlo. Los psicólogos positivistas llaman a esto, el proceso de “adaptación hedónica”, y es uno de los más grandes obstáculos para la satisfacción en la vida a largo plazo. Mientras más consumimos, adquirimos, y elevamos nuestro status, más difícil será mantenernos felices. Ya sea el dinero, notas, ascensos laborales, popularidad, atención o simplemente cosas materiales, los científicos están de acuerdo en lo siguiente: buscar recompensas externas es sin duda un camino hacia el sabotaje de nuestra propia felicidad.
Por otro lado, cuando nos proponemos crear nuestra propia felicidad, estamos enfocados en actividades que generan recompensas intrínsecas – las emociones positivas, fortalezas personales y conexiones sociales que construimos al involucramos intensamente con el mundo que nos rodea. No estamos buscando alabanzas o pagos. El solo hecho de hacer lo que estamos haciendo, el goce de estar completamente involucrado es suficiente.
El termino científico para este tipo de actividad auto-motivante, auto-gratificante es autotélica ( que proviene de las palabras griegas “propio” auto, y “fin o meta” telos). Nosotros realizamos trabajo autotélico por que nos involucra completamente, y por qué el involucramiento intenso es el estado emocional más placentero, satisfactorio y significativo que podemos experimentar.
Mientras estemos regularmente inmersos en trabajo duro y gratificante, estaremos felices con mayor frecuencia – sin importar lo que esté sucediendo en nuestras vidas. Esta es una de las primeras hipótesis de la psicología positiva, y una idea sumamente radical. Esta idea contradice lo que a muchos nos han enseñado a creer – que necesitamos que nuestra vida debe ser de cierta manera para que seamos felices, y que mientras más sencilla sea la vida más felices seremos. Pero la relación entre el trabajo duro, recompensa intrínseca y la felicidad duradera ha sido verificada y comprobada a través de cientos de estudios y experimentos.
Un estudio bastante conocido llevado a cabo en la Universidad de Rochester, publicado en 2009, elegantemente replantea una de las suposiciones sobre cómo funciona la felicidad. Los investigadores siguieron 150 recién egresados por dos años, monitoreando sus metas y sus niveles de felicidad reportados. Ellos compararon las tasas a las que los graduados lograron recompensas tanto extrínsecas como intrínsecas, con los reportes personales de los niveles de bienestar y satisfacción con sus vidas. La conclusión inequívoca de los investigadores fue: “La consecución de metas extrínsecas o del “Sueño Americano” (dinero, fama, y ser considerado físicamente atractivo por otros – no contribuye a la felicidad para nada.” De hecho, ellos reportaron, que en vez de crear bienestar, lograr recompensas extrínsecas “en verdad contribuía a un malestar”. Si dejamos nuestro deseo por más y más recompensas extrínsecas monopolizar nuestro tiempo y atención, este nos evita involucrarnos en actividades autotélicas que podrían en verdad incrementar nuestra felicidad.
Por otro lado, en el mismo estudio en la Universidad de Rochester los investigadores encontraron que individuos que se enfocan en actividades con recompensas intrínsecas, trabajando arduamente para desarrollas fortalezas personales y relaciones sociales, por ejemplo, fueron ostensiblemente más felices durante el periodo total de dos años sin importar por completo las circunstancias de la vida, como salario o status social.
Esta investigación confirma lo que docenas de otros importantes estudios han encontrado; la felicidad derivada de recompensas intrínsecas es increíblemente resiliente. Cada vez que nos involucramos en actividades autotélicas, todo lo contrario a la adaptación hedónica sucede, dejamos de depender del consumo y adquisición de fuentes de placer y desarrollamos una resiliencia hedónica. Como la psicóloga e investigadora Sonja Lyubomirsky, una líder experta en la recompensa intrínseca, explica “Uno de las principales razones para la durabilidad de las actividades de felicidad es que…. ellas son ganadas con esfuerzo. Tienes que dedicar tiempo y esfuerzo…. Has logrado que esas prácticas sucedan y tienes la habilidad de hacer que sucedan otra vez. Este sentido de capacidad y responsabilidad es un impulso poderoso en y para si mismo” . En otras palabras, nos hacemos mejores en proteger y fortalecer nuestra calidad de vida, sin importar las circunstancias externas. Dependemos cada vez menos de efímeras y poco confiables recompensas externas y tomamos control de nuestra propia felicidad. “Cuando la fuente de la emoción positiva eres tú mismo, esta fuente es renovable.”
La teoría prevaleciente de la psicología positiva de que somos la única fuente de nuestra propia felicidad, no es simplemente una metáfora. Es un hecho biológico. Nuestros cerebros y cuerpos producen neuroquímicos y sensaciones fisiológicas que experimentamos en diferentes cantidades y combinaciones, como placer, goce, satisfacción, éxtasis, alegría, amor, y cualquier otro tipo de felicidad. Y psicólogos positivistas han demostrado que no necesitamos esperar a que la vida desencadene esos químicos y sensaciones por nosotros. Nosotros podemos desencadenarlos nosotros mismos, a través de actividades autotélicas científicamente medibles.
De hecho, desde el punto de vista neurológico y psicológico, “Recompensa intrínseca” es realmente otra manera de describir los réditos emocionales que recibimos al estimular nuestro sistema de felicidad interna.
Al encarar un reto difícil, tal como tratar de finalizar una tarea en un tiempo menor al usual, podemos producir en nuestros cuerpos un torrente de adrenalina, la hormona de la emoción que nos hace sentir confiados, energéticos y altamente motivados.
Al lograr algo que se nos hace muy difícil, como resolver un rompecabezas o finalizar una carrera, nuestros cerebros liberan un potente cocktail de norepinefrina epinefrina, y dopamina. Estos tres neuroquímicos en combinación nos hacen sentir satisfecho, orgulloso y altamente excitado.
Cuando hacemos a alguien reír o sonreír, nuestro cerebro se inunda con dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y recompensa. Si nosotros nos reímos también, el efecto es aún más pronunciado.
Cada vez que coordinamos o sincronizamos nuestros movimientos físicos con otras personas, como en el baile o en los deportes, descargamos oxitocina en nuestro torrente sanguíneo, un neuroquímico que nos hace sentir dichoso y extasiados.
Cuando buscamos lo que puede describirse como historias, medios o espectáculos “poderosos” y “conmovedores”, estamos en verdad desencadenando nuestro nervio vago, que es el que nos hace sentir emocionalmente ese nudo en la garganta y mariposas en el estómago o disparamos nuestro reflejo pilomotor de nuestro sistema nervioso, que nos da los escalofríos placenteros y nos pone la piel de gallina.
Y si provocamos nuestra curiosidad al exponernos a estímulos visuales ambiguos, como un obsequio envuelto en papel regalo o una puerta entreabierta, experimentamos una avalancha de bioquímicos del “interés” también conocidos como “opiáceos internos”. Estos incluyen endorfinas, que nos hacen sentir poderosos y en control, y betaendorfina, un neurotransmisor del “bienestar” que es ochenta veces más poderoso que la morfina.
Pocos de nosotros nos proponemos intencionalmente desencadenar estos sistemas. No pensamos en la felicidad como un proceso de manipulación estratégica de nuestra neuroquímica. Nosotros simplemente sabemos que es lo que se siente bien y es significativo y satisfactorio, y ese es el tipo de actividades que hacemos por el placer de hacerlas.
Claro está, también hemos desarrollada muchos atajos externos para desencadenar nuestros sistemas de felicidad precableados: Drogas adictivas y alcohol, comida sabrosa pero poco sana, y compras crónicas, solo para nombrar algunos. Pero ninguno de esos métodos es sostenible o efectivo a largo plazo. Como los científicos han demostrado, la adaptación hedónica a recompensas extrínsecas lleva a nuestros comportamientos de atajos hacia la felicidad en una espiral fuera de control hasta que ellos no funcionan más o no podemos solventarlos, o incluso hasta que nos matan.
Afortunadamente, no tenemos que luchar esta batalla perdida. Siempre que estemos enfocados en recompensas intrínsecas y no extrínsecas, no vamos a agotar las materias primas para lograr nuestra propia felicidad. Estamos cableados con sistemas neuroquímicos para crear toda la felicidad que necesitamos. Nosotros simplemente tenemos que trabajar arduamente en cosas que nos activan y nos sumergen en actividades desafiantes que disfrutamos por sí mismas.
La escritora y auto declarada exploradora de la felicidad Elizabeth Gilbert lo describe mejor: “La felicidad es la consecuencia de los esfuerzos personales…. Debes participar implacablemente en las manifestaciones de tus propias bendiciones.” Tenemos la capacidad biológica de crear nuestra propia felicidad a través del trabajo duro. Y mientras más duro trabajemos para experimentar las recompensas intrínsecas, más fuertes serán nuestras capacidades internas de crear felicidad.
Entonces que recompensas intrínsecas exactamente son las más esenciales para nuestra felicidad? No hay una lista definitiva pero unas cuantas ideas claves y ejemplos aparecen una y otra vez en la literatura científica. Mi análisis de los descubrimientos de la psicología positivista de la pasada década sugiere que las recompensas intrínsecas se organizan en cuatro principales categorías.
En primer lugar, anhelamos trabajo satisfactorio, cada día. La naturaleza de este “trabajo satisfactorio” es diferente para cada persona, pero para todos significa estar sumergido en actividades claramente definidas, exigentes que nos permiten ver el impacto directo de nuestros esfuerzos.
Segundo, anhelamos la experiencia, o al menos la esperanza de ser exitosos. Deseamos sentirnos poderosos en nuestras propias vidas y demostrarle a otros para que somos buenos. Deseamos ser optimistas sobre nuestras oportunidades de tener éxito, aspirar a algo y sentir que nos hacemos mejores con el tiempo.
Tercero, anhelamos una conexión social. Los humanos somos criaturas extremamente sociales, y aun el más introvertido de nosotros deriva gran parte de su felicidad de pasar tiempo con la gente que le importa. Deseamos compartir experiencias y construir vínculos, y con gran frecuencia logramos esto al hacer cosas importantes juntos.
Cuarto, y finalmente, anhelamos significado, o la oportunidad de ser parte de algo más grande que nosotros mismos. Necesitamos sentirnos curiosos, impresionados, y maravillados por las cosas que acontecen a escala épica. Y más importante, deseamos pertenecer y aportar a algo que tiene significado duradero y mas allá de nuestras vidas individuales.
Jane McGonigal es la directora de investigacion y desarrollo de videojuegos para el Institute for the Future. Business Week la declaró como una de las diez innovadores que deben ser seguidos de cerca.
jueves, 7 de abril de 2011
A los anunciantes no les preocupa la pirateria
Apple ha luchado con los jail-breaers, herramientas que permiten a los usuarios de Ipods y Iphones descargar cualquier aplicación libre y gratuitamente. Cydia es una aplicacion que permite tener acceso al root del Sistema operativo "IOs" de los Ipods y Iphones, logrando escapar a las restricciones que apple le impone a estos aparatos.
La comunidad de usuarios de Jail Breakers esta estimada en 5 millones de http://www.blogger.com/img/blank.gifusuarios, lo cual la convierte en un grupo atractivo para los anunciantes.
El primero que se lanzo a anunciarse por fuera del control de Apple fue Toyota que publicó un anuncio en Cydia.
Como ahckdear tu Ipod usando Cydia
Andres Felipe Narvaez
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